Se atreven a seguir mis locos desmadres...

martes, 25 de mayo de 2010

“Chamo al nueve un un chi me maltratach”

Quiéranlo creer o no, mi Hijo Favorito de los Menores, siempre fue un niño muy dulce. La primera oración completa que aprendió a decir fue “Te voy a matar”. Todavía es un misterio dónde la escuchó, por qué la repitió y ante quién lo hizo por primera vez. De seguro que esa persona formó un barullo tan desproporcionado, que al chiquillo le pareció efectiva como herramienta para llamar la atención.

El dulce pajarito de pelo negrísimo y suaves rizos desarrolló una capacidad casi sobrenatural para detectar lo que era violencia, aprovecharse del miedo que provocaba y usarlo para su beneficio.

¡Se veía tan lindo frunciendo el ceño y haciéndose el corajudo!

En esa época, el gobierno había desarrollado una campaña publicitaria para evitar el maltrato a los niños. Los anuncios de televisión recitaban en un tono “cantadito y pegajoso” que los casos de maltrato, se debían denunciar llamando al número de emergencias 9-1-1. Por supuesto que como parte del anuncio los números llenaban la pantalla de la tele. No había forma de ignorarlo.

El muchachito llevó su expertise en “Violencia 101” al extremo, a los tres años con su maestra de Montessori. En ese sistema educativo, que es de mucha libertad, el niño que no se “comporta”, termina sentado "en la línea" mientras los demás juegan en el patio durante el periodo de descanso. Para merecer el "castigo", la travesura tenía que ser muy grave porque Montessori no es un sistema punitivo. Como era de esperar, un día equis, mi corajudo Hijo Favorito de los Menores se ganó una sentada en la línea. Por su carácter, tomó acción inmediata.

-“Chi tú me maltratach boy a chamar al nueve un-un”.

El enano se armó de un pedacito de papel casi del tamaño de su manito, y de un lápiz para uso del colectivo. Con un garabato por nueve y dos palitos por el “un, un”, se lo enseñó vengativo a Maestra Glenda, quien le dijo alguna cosilla para salir del paso. Tan pronto se sintió “libre”, Maestra Glenda llamó al sistema de beepers, la forma de comunicación más rápida hace 20 años: “Llámame cuando puedas”.' decían las letras de aquella cajita chillona.

Aunque no decía “lo antes posible”, llamé tan pronto alcancé llegar a un teléfono. Demás está decir que hoy el muchachón -a quien nadie, nunca, jamás de los jamases ha maltratado- se ríe medio avergonzado de sus ocurrencias. Glenda y yo… nos reímos también.

(Foto x Cass, del Album Familiar, circa 1992)

6 comentarios:

Mayo dijo...

Ay esos niños! jajajaaa

la MaLquEridA dijo...

Los niños y sus palabras sin dolo.



Hola.

Cassiopeia dijo...

Ay Mayo...
No me quiero imaginar tus cuentos!
Deben ser divinos también!
Besos

Cassiopeia dijo...

Bienquerida... bienque... bien que lo sabes.
Querrás compartir alguna historia

Capuchino de Silos dijo...

¡Qué arte debe tener tu Hijo Favorito de los Menores!.
La historia no puede ser más simpática y el tio ingenioso.

Un besazo

Cassiopeia dijo...

Capu, "ingenioso es poco...
Ya seguiré contando.
Besos