Se atreven a seguir mis locos desmadres...

jueves, 29 de julio de 2010

Besos de mano a mano, pulgada a pulgada (Mami-puleo Parte I)

Las películas influyen enormemente en las mentecitas de los locos bajitos, y Mi Hijo Favorito de los Menores no es una excepción.

Hasta las películas “feas” produjeron efectos hermosos en el enano más enano; el más pasional de la familia, después de su Madre, que soy yo. Esos “efectos”, también rebotaron en mí.

“Adams Family”, por ejemplo, aportó un gesto que el hoy muchachote de 20 años ha convertido en costumbre, especialmente cuando estoy brava con él.

En una de las escenas, Gómez -personificado por el genial Raúl Juliá-, ejecuta un baile con su esposa, Morticia; interpretado por la no menos genial, Angelica Houston. Al iniciar la escena en la que la pareja de simpáticos monstruos aterradoramente enamorados, Juliá besa a su esposa desde la punta de la mano derecha, hasta la punta de la mano contraria. Lo hace pulgada a pulgada, pasando por brazos, el cuello y nuca. Mmmmmm... Continúa brazo abajo, por la misma ruta, y luego en reversa anatómica, hasta que ella lo acaricia con una cachetada.

¡Divino! Una mujer ve la gloria con semejante besazo largote.

De labios inocentes y rostro infantil, ojazos negros con pestañas que descubrieron el truco de hacer cosquillas… ¡ni se diga! Ese ritual de beso "a lo Gómez", es, todavía hoy, uno de los trucos preferidos del Mi Hijo Favorito de los Menores. Lo ejecuta lo mismo con cara rasurada o no, cuando se trata de manipular a Mamá, que soy yo. Lo intenta también el padre… a veces con los efectos esperados. (Foto, de la Gueb)


miércoles, 28 de julio de 2010

Son casados si hay besos en la boca… o en la trompa (En el cine II)

Hay besos, y, ¡HAY BESOS!

Desde niños, nuestros hijos supieron distinguir unos de los otros y a verlos naturalidad. Pero como no todos los niños son iguales, Mi Hijo Favorito de los Menores siempre identificó los besos en la boca entre hombre/mujer como una muestra de amor de parejas “casadas”. Cuando veíamos a una parejita de enamorados besándose, Mi Hijo Favorito de los Menores gritaba: “¡Mamá, Papá! Esos dos están casándose!”

El comentario llegó a ser tan predecible, que llegó el momento en que no le prestamos importancia. Nos lo decía a nosotros, a los abuelos de San Germán; a los tíos y a sus respectivas parejas cuando nos besábamos en la boca auque fueran “besos de piquito”. En fin, que ya era algo normal; como normal era que lo dijera cuando estábamos en familia, o en el auto.

Pero en el cine… la primera vez que lanzó el grito de que una pareja se estaba “casando con un beso” fue en una película romanticona, y, ¡qué rayos!

El público se rió, nos miró, y ahí quedó todo. Tal como sucede en las película romanticonas, las escenas de besos apasionados abundaron seguidas de los gritos del muchachito. O sea, besos/gritos; besos/ gritos… Como lo poco divierte y lo mucho enfada, nuestros vecinos en la oscuridad se fueron molestando cada vez más… mientras nuestra vergüenza incrementaba.

Tratamos en aplacar el apasionado puritanismo del muchachito, pero no había forma; ni amorosamente y ni tapándole la boca. Entonces berreaba con la boca tapada. Lo que faltó fue incrustarle los dientes de leche en la encía.

El padre sacó al niño al tercer grito del “matrimonio’.

El cuento largo, en corto: cuando salimos del cine nos miraron a ver si éramos puritanos Cuákeros.

Por supuesto, no volvimos a ese teatro. Aunque siempre llevábamos a los niños a todas parte, sólo llevábamos al chico a películas de niños, Creyéndonos a salvo, el puritanismo de Mi Hijo Favorito de los Menores reincidió cuando en Lady and The Tramp los perritos chuparon el mismo fideo de espagueti y se dieron besitos de trompa, pero ya entonces, todos los niños hacían comentarios en voz alta.

(Foto, del Web)

Popcorn, oscuridad y caricias prohibidas (En el cine I)

Con luz, o sin luz; con testigos, o sin ellos, somos una familia de mucho tacto. "Tacto", en el sentido del sobeteo, de las caricias, de lo sensorial físico. Somos unos tocones. Viciosos acariciadores. Nos pasamos la mano por la cabeza, cara, orejas, cuello y brazos.

Nos hacemos cosquillitas en la sien, en la nuca; nos besamos la frente, la cabeza, la barbilla. Nos sobamos -como panaderos- brazos y piernas. Nos damos masajes en los dedos de los pies y los de las manos... pero nuestro "punto de alegría" está en las orejas. Las más suaves son las de Papá y enano más enano. Doblan fácil. Las orejas de Mamá y enano mayor no doblan tan fácil. Nosotros nunca hemos disimulado besos, abrazos, apretones, o palabras dulces; ni en público, ni en privado.

En el cine, siempre tuvimos un orden de acomodo: Mamá entraba primero, después los enanos y al final Papá. Especifico detalles de caricias, orejas y cine para ubicar en el contexto familiar una experiencia que ya es chiste:

Una sola vez –que nunca se repitió- Papá entró primero a la fila del cine y se sentó con el enano más enano sobre la falda. Medio anestesiado de sueño, y acostumbrado al sobeteo, el chiquillo extendió la mano derecha y la posó en la oreja de una joven cuya identidad no quisimos averiguar. Durante parte de la película, el enano más enano se dedicó a acariciarle la oreja. Ella se dejó. Mientras el chico dormitaba, mi esposo lo pasó al lado izquierdo de su pecho. No fue hasta ese momento cuando se dio cuenta de lo que había sucedido durante parte de la película, y le pidió excusas a la chica. El “no se preocupe” de ella no se hizo esperar. Terminada la película, salimos "más rápido que ligero". Llegamos casa con "dolor en la cara" de tanto reírnos.

Desde entonces tenemos nuestro “private joke” sobre el evento. No recordamos la película, pero la costumbre del chico de acariciar la oreja de la chica del lado es parte de las historias familiares.

Mientras no lo haga mi esposo, “no hay problema”, como decía Alf.

(Foto, del Web)

domingo, 25 de julio de 2010

A horcajadas sobre mi pecho

Como canción de domingo no tiene precio. Durante muchos años, cuando era feliz e indocumentada (entiéndase soltera y sin compromisos), estuve bajo el hechizo de “Mi caballero”, el poema de José Martí en voz de Laredo, un magnífico grupo español que hoy parecería primitivo.

De niña conocí autor y poema, pero Laredo me dio la oportunidad de saborearme las letras del cubano en son y guitarras de los españoles. Divina combinación. Corría la década de los 70 del siglo pasado cuando yo escuchaba y escuchaba a Martí en voz de Laredo. Mediante “la magia” del LP en casa, y del 8-Track en un Datsun color verde en ruta a la universidad. Pasé la música a una grabadora enorme, de cintas, antes de darme cuenta que serían sustuídas por los cassetes.

Entonces llegó Mi Hijo Favorito de los Mayores. “Mi caballero” pasó a ser otra de mis canciones de cuna, especialmente los domingos por la mañana, cuando enamorados de la pereza nos regodeábamos los tres en la cama de agua tamaño King. Yo le cantaba al entonces bebito que se sentaba a horcajadas sobre el pecho de su papá y lo espoleaba sin piedad hasta marearnos con el oleaje de la cama.

Un sábado de tiendas de música me reencontré con un CD doble de Laredo y creo que lloré de la emoción. Lo compramos lo cantamos y lo cantamos aún años después. Cuando llegó Mi Hijo Favorito de los Menores, llegó la iPod… y ahí apresé a mi caballero.

En éstos días me he puesto nostálgica (fácil empresa) y me ha dado con tarareársela al “caballero” de 25 que dice que no recuerda ninguna canción de cuna. Dentro de un mes vemos a Mi Hijo Favorito de los Menores, y también se la cantaré. Para que el castigo no sea tan fuerte, será mediante mi iPod.

Hoy, Domingo de Canción, no he podido conseguir la versión original de los Laredo en YouTube, ni he logrado bajarla de mi iPod a Blogger. Quien la quiera escuchar, me la pide por e-milio (en un mensaje que deba advertir que es "privado"), y se la envío en attach. Como premio de consolación, les paso un multimedia que la reproduce con otro juego de tonos musicales -tristes y oscuros- por cierto. Además, la letra del poema. Una observación: no tiren los niños al aire. Me pone mal.

Mi caballero

(por José Martí)

Por las mañanas
Mi pequeñuelo
Me despertaba
Con un gran beso
Puesto a horcajadas
Sobre mi pecho.
Bridas forjaba
Con mis cabellos,
Ebrio él de gozo,
De gozo yo ebrio.
Me espoleaba,
Mi caballero:
¡Qué suave espuela
Sus dos pies frescos!
¡Cómo reía
Mi jinetuelo!
Y yo besaba,
Sus pies pequeños,
¡Dos pies que caben
En solo un beso!


sábado, 24 de julio de 2010

Llamo a Herodes y no me avergüenzo

“¡Ayúdame Virgen de la Macarena!”, decía la abuela materna de mis hijos cuando mis hermanos daban guerrilla. “¡Por las alpargatas de San Cristóbal!”, vociferaba el bisabuelo de los futuros nietos de mi esposo.

Ninguno era español, pero esos alaridos de petición cristiana-apostólica-romana durante momentos de impotencia ante las viles estrategias de guerrilleros infantiles, eran su forma de expresar molestia.

De mi parte, que nadie espere eso. Con lo cristiano-apostólico no tengo problemas. Pero prefiero exigir a lo romano, sin pedir ayuda, ni jurar en vano.

Es que cuando escucho a un niño pegar gritos y pataletear en una tienda porque quiere que le compren algún dulce, o juguete, reclamo por la presencia inmediata del rey asesino de infantes con dos palabras bien pronunciadas, de manera que las entiendan creyentes, ateos, historiadores, y todos por igual:

“¡Ven Herodes!”

La frase puede ser sustituida por ¡Ay Herodes!, ¡Gran Herodes!, ¡Aquí Herodes!”, entre otras modalidades. Ello, sin importar que los gritones malcriados sean machos primogénitos de menos de un año de edad.

Juro –aunque no valore los juramentos- que ninguno de mis Hijos Favoritos se atrevió a hacerlo (en mi presencia). Estoy segura de que en algún momento vieron dos ojos verdes desorbitados antecedidos a un regañito bobo y no quisieron experimentar ese calor verde/rojo que de seguro provocaría actos más atrevidos.

Hoy, los pobrecitos, si están conmigo cuando a un hijo ajeno le da una pataleta, se retiran como quien no quiere la cosa y miran “distraídos” en otra dirección porque saben que en voz alta (ahora con más decibeles) voy a exigir la presencia inmediata de Herodes. Como estoy segura de toda seguridad que son muchos los que querrían hacerlo y no se atreven... ¡grito por todos!

“¡Ven Herodes!, ¡Cara-de-ajo, y que sea ya!”

(Ilustración, del Web)

viernes, 23 de julio de 2010

¡Felicidades!, ya eres Hermano Mayor

Estoy segura de que cuando nace el primer hermanito debe ser “un golpe de estado emocional ” para un enano de 4.5 años. Yo no sé cómo sobreviví el trauma cuando nació el primero de mis 5 hermanos. Pero cuando nos tocó el papel de ser padres de un segundogénito, asumí -muy en serio-las riendas de una planificación estratégica anti posible trauma.

¡Había escuchado tantos cuentos de horror! El 11 de diciembre de 1989 enviamos un regalo especial a Mi Hijo Favorito de los Mayores al Montessori Rosado (no por el color, y sí por el apellido de Maestra Glenda).

Habíamos planificado para que la vecina dueña de una floristería, le llevara a la escuelita una canasta repleta de “cosas de nene grande” : libros apropiados para “niños mayores”; un juego de sábanas de Batman, dos imanes; una lupa, una colección de canicas “raras”, piedras semi preciosas, un lápiz hecho con la rama de un árbol, un chupete (para callar al hermano) y un perrito de peluche con orejas largas y anchas y expresión triste. El perrito estaba dentro de un enorme globo azul. Fué bautizado como Kékum aunque que nunca supimos cómo entró al globo. La canasta, que parecía mágica, incluía una caja de legos “de nene grande”, y una nota con las instrucciones y razones de cada regalo.

Cuando el Hermano Mayor llegara a la casa con la abuela Isabel encontraría la habitación transformada con cama de nene grande. Escritorio y tablillero sustituyeron la mesa de cambiar culeros y el sillón del “duérmete bebé". El Hermano Mayor no sintió que la arrebataran sus pertenencias porque ya estaba advertido que eran innecesarias para él. Le habíamos explicado que durante los primeros días el bebé chupaba teta, lloraba, gritaba, cagaba, orinaba, vomitaba y dormía. Que él había hecho lo mismo, y que no tenía que mirarlo con la lupa, que era cuestión de paciencia.

Habíamos comprado “regalitos” de nene grande para que los visitantes que le traían regalos al bebé lo felicitaran. Tan bien se sintió Mi Hijo Favorito de los Mayores, que cuando llegó Mi Hijo Favorito de los Menores se sinceró frente a todos: “Es más divertido ser hermano mayor que bebé. ¿A mí me fue igual de aburrido por no tener hermano mayor?

Años después supo que no era tan divertido...

miércoles, 21 de julio de 2010

Paredes llenas de momentos congelados

A menos que se haya ido todo al carajo –digo, a e-Bay, al basurero, al Salvation Army, o al equipo de utilería de alguna compañía de teatro low budget- se supone que gran parte de la nuestra historia familiar esté en las paredes de la casa de su abuelo paterno. No es que las fotos se parezcan a los cuadros que exhiben las paredes de la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, donde estudió Harry Potter. Pero juro que en las paredes de esa prehistórica casa donde hemos vivido desde el 1988… los cuadros hablan.

Narran momentos especiales, como los veranos en Villa La Mela, tirados en la arena con abuela Isabel; o llenos de arena con aquél sombrerito de sapo mientras el enano más enano intentaba subir al dingui. Lo que no dice la foto es que el enano más enano se orinó dentro del bote. Hay fotos de cumpleaños, como el del enano mayor, cuando se armaron más de 8 casetas de acampar en el patio para que durmieran unos 18 demonios de 10 a 12 años. Está además evidencia de las locuras familiares cuando nos disfrazábamos; las fotos espontáneas de navidad y las posadas -tipo paredón- que nos hacíamos en Hoconuco.

Verán las fotos de su abuelo -flaco y con pelos negros- siempre abrazando a una bella mujer de cabellera larga,ojos claros y sonreída. Esa soy yo. Hay muchas fotos de sus bisabuelos de San Germán, guapos, felices y amorosos.

Las paredes de la casa de sus abuelos paternos siempre estuvo repleta de fotos y de obras de arte hechas por sus padres. Nada de decoración minimalista, fen chui, ni monotemática. Tenemos fotos sobre las mesas, los escritorios, la nevera, y los anaqueles de libros.

Para cuando ustedes lleguen –nietos de mi esposo- yo habré digitalizado muchos de esos recuerdos. Todas las fotos, para ese entonces, se exhibirán en un solo marco digital y musical. A sus padres les tocará hacerle los cuentos. Claro, en caso de que yo todavía esté por ahí, les haré mi versión de las historias de esos momentos que hoy tengo congelados en las paredes y en mi memoria.

Los vamos a amar infinitamente. Como amamos a sus padres.

(Foto x Cass, del Album Familiar, circa 1990)

martes, 20 de julio de 2010

Mi amado, limpio y bellísimo Rambo

Tanto que nos esforzamos por neutralizar la violencia en las mentes enanas y Rambo nos ganó. Mi Hijo Favorito de los Mayores nos dio la sorpresa. Con una cinta amarrada en la frente, se creyó facsímil razonable de Sylvester Stallone. El golpe emocional me aturdió porque estaba segura que ese muchachito era el más pacífico del mundo gracias a las prédicas montessorianas.

- ¡Grrrr! Soy fuerte y peleo con los malos!

(Hummmm… ¿Con, o contra…?) No le pedí detalles para no darle standing al guapo actor de aguerridos aspavientos. Pero la verdad es que de verle la mirada rabiosa –sin razón- quedé fría. ¡Qué fácil aprenden violencia los chiquitos! ¡Afortunadamente mi Rambo no era tan cochino como el de las películas, y se dejaba bañar! No recuerdo que tuviera puñales ni metralletas. Ahora,sólo me ataca con besos y apretones a los chichos*.

[chichos= la grasita en la cintura de las desmadradas adictas a los chocolates]

(Foto, del Web, por supuesto...)

domingo, 18 de julio de 2010

Sobre una Mamá Gallina y sus dos unicornios

A fuerza de escuchar las canciones que nos gustan, nuestros enanos terminan cantándolas. En caso de que ambos enanos tengan “oído musical”, pueden surgir problemillas. El que llega primero, pues, ni modo; aprende la canción y cree que es sólo para él. Eso pensó nuestro primer Unicornio; Mi Hijo Favorito de los Mayores. Estaba seguro de que yo no tenía –ni tendría- más que UN unicornio azul. Al nacer el segundo unicornio, el primero entendió que en el corazón de Mamá Gallina había espacio para dos unicornios.

Pero el nuevo unicornio no pensó así.

- “¡Mi Máma ech mía!. ¡Yo me parecho a ella!”, pensó, exigió y gritó el mini unicornio, quién sabe en qué orden. Nosotros sólo escuchamos versos de Silvio Rodríguez en forma de los alaridos.

Todavía hoy se la sabe de memoria. La cantamos juntos por celular a muchas millas de distancia, o nos enviamos las versiones de YouTube. De todas formas ya aprendió, lo que supo el primero, que dos unicornios caben en el corazón de Mamá Gallina, que cada uno es especial, que son insustituibles, que aunque estén lejos, están cerca; y que es una linda Canción de Domingo para los nietos de mi esposo e hijos de mis hijos.

Unicornio azul (Silvio Rodríguez)

Mi unicornio azul ayer se me perdió,
pastando lo dejé y desapareció.
cualquier información bien la voy a pagar.
las flores que dejó
no me han querido hablar.
Mi unicornio azul
ayer se me perdió,
no sé si se me fue,
no sé si extravió,
y yo no tengo más
que un unicornio azul.
si alguien sabe de él,
le ruego información,
cien mil o un millón
yo pagaré.
mi unicornio azul
se me ha perdido ayer,
se fue.
Mi unicornio y yo
hicimos amistad,
un poco con amor,
un poco con verdad.
con su cuerno de añil
pescaba una canción,
saberla compartir
era su vocación.
Mi unicornio azul
ayer se me perdió,
y puede parecer
acaso una obsesión,
pero no tengo más
que un unicornio azul
y aunque tuviera dos
yo solo quiero aquél.
cualquier información
la pagaré.
mi unicornio azul
se me ha perdido ayer,
se fue....

sábado, 17 de julio de 2010

Arroz, leche, huevos, cursos de ortografía y de lógica pre GPS

Mis hijos se convirtieron en los encargados de hacer la lista de la compra desde que pudieron agarrar un lápiz. Yo dictaba, y ellos escribían. Fideos, papas, habichuelas. Al principio, me memorizaba los artículos porque no tenía forma de entender los garabatos de enanos de dos años. Cebollas, jabón de fregar, comida de gatos. En los inicios del Montessoriniato, se podían distinguir algunas letras. Guineos, pan, tomates.

Ya en la etapa inicial de primaria, la lista tenía que ser legible y las habichuelas tenían que tener sus dos aches; el atún se compraba con acento en la u; y, el pescao tenía que ser pescado. Entre segundo y tercero, había que mejorar la caligrafía. Lechugas frescas, del país, habichuelas verdes –nunca berdes- y maíz en mazorcas, con sus debidas zetas. De cuarto a quinto, ellos debían hacer el inventario de lo que faltara en la alacena; pero siempre cuidándose de errores ortográficos, y con letra legible y linda. Ajos, pimientos, pechugas de pollo.

Escuela intermedia debió haber sido de pesadilla. Debían recorrer la casa para ver qué hacía falta en baños, botiquines y laundry. Papel sanitario, jabón de baño, blanqueador; aspirinas, palillos de oídos, mapo.

Se complicó en superior. Tenían que pensar en los ingredientes del menú. De manera que si su padre se antojaba de sopa de lentejas, no faltara nada. Lentejas, jamón, apio. ¿Guiso? Pimientos, cilantrillo, culantro. Ya en universidad, además de hacer la lista de la compra, debían hacerla por tiendas y rutas para ahorrar gasolina y tiempo. Los plátanos verdes, bien verdes, y la calabaza fresca -cortada al frente de ustedes- se compran en el tenderucho detrás de Pueblo y el que conoce mis gustos es el hijo del dueño, el muchacho joven y guapo y de la sonrisa más linda… después de las de ustedes, mis hijos. Cuando suban la cuesta, entran a Amigo. Allí se compra el jugo de china Tropicana, con gajitos y mi yogurt favorito - el del envase verde- que puede ser de cualquier sabor de frutas, nunca de vainilla y ni light. Amigo los tiene a mejor precio, en paquetes de cantidades moderadas… Aunque siempre son frescos, verifiquen la fecha de expiración.

La avena, el arroz de grano largo y los aceites de canola y oliva se compran en Sams, ¡Ah! La carne fresca, en el colmado de Buenavista, al frente del beauty de Mari. Y el que le da el mejor corte y machaca los bistecitos es don Manolín.

¿Mala Madre? Sí. Pero con la lista de víveres, mis hijos aprendieron ortografía, economía, administración empresarial, lógística, y a usar brújula invisible antes de que llegaran los GPS (que para ustedes, nietos de mi esposo, serán cotidianos hasta para ir al baño)

(Ilustración, del Web)

jueves, 15 de julio de 2010

Para enamorarlos de la lectura

“Y, ¿cómo es que a tus nenes le gusta leer tanto?”

La pregunta me parece innecesaria. ¿Qué rayos sé yo? Nunca he creído en eso de leerle a una barriga, por poblada de ser humano que esté. Así que no contesto la trillada y ridícula línea de guión que todos quieren escuchar. Ese rollo no va conmigo.

¿Qué si le leía cuando eran bebitos? ¡Tampoco! ¿Quién se cree el cuento de los investigadores del desarrollo intelectual evolutivo? Si tantas madres le leen a sus hijos, ¿cómo es que llega tanto analfabeta a posiciones reservadas para alegados intelectuales?

¿Que si traían el chip? ¿Es que acaso mis hijos tienen un IQ de tan espectacular brillantez que nacieron leyendo? Lo dudo. Hubiera usado gafas de sol cuando los lactaba…

Si mis niños salieron “comelibros”, fue porque precisamente se los comían. Ambos tuvieron ediciones limitadas de no recuerdo qué marca de juguetes. No tenían ni letras ni números; sólo figuras en colores en pocas “páginas”; suaves y perfectamente moldeables. Según fueron creciendo, sus bibliotecas personales también. “Aparecían” libros de tela, y luego de cartón, hasta que llegaron los de páginas de papel. A veces llegaban en forma de regalo, otras, aparecían “casualmente”.

Yo no les leía en la faldeta. Solo una vez cada 24 horas: en la noche. El truco era que supieran que ahí había “cosas” y que para averiguarlas, alguien las tenía que leer. Para leerlas, había que aprender letras y después palabras. Cuando se tuvieran muchas palabras… ¡chás! Sabríamos los secretos.

Alguien me dijo que eso era “trato cruel”, pero crueldad mayor es que los niños nunca desarrollen el amor a la lectura.

Según fueron creciendo con Plaza Sésamo –versión mexicana-, así como otros programas APM (Aprobados Por Mamá), los libros fueron ganando terreno en un hogar donde nunca había habido tele.

Sin embargo fue la fértil imaginación infantil la responsable de hacer “el encantamiento”. En un principio, ambos coincidieron con cuentos sobre dinosaurios, especialmente esos 3-D en los que los personaje salen de las páginas.

A Mi Hijo Favorito de los Mayores le gustaba aprender sobre el arte y el ambiente. Miró y los tinglares en peligro de extinción hicieron el trabajo. Las más elementales de las Odas Elementales de mi novio Pablo Neruda le gustaron. Pero el exitazo (en el caso del mayor) fueron los cómics del Pato Donald; Turey el Taíno, un cómic puertorriqueño; y luego Asterix.

A Mi Hijo Favorito de los Menores le apasionaba la fantasía. Los disfraces de Don Quijote, el Jorobado de Notre Dame, Darth Vader y piratas los hicieron buscar los personajes en las páginas de papel. El Nenano se desvió por la ruta de la historia y la geografía cuajada en los castillos del “Viejo Mundo”.

De golpe, un buen día ya leían los periódicos y maldecían las desgracias del país… ¡igualito que nosotros! Se habían leído todos los Harry Potter y estaban leyendo tratados de derecho, el mayor; y de economía el menor.

Ahora me pregunto yo si ellos dejan esos libros de derecho y economía estratégicamente “tirados” a ver si me intereso en los temas… ¿Será venganza? ¡Ilusos! Prefiero bloguear y delatarlos…

(Foto, del Web. Los libros de dinosauros de mis hijos fueron a parar a manos de los primos...)

domingo, 11 de julio de 2010

Canción de cuna que nunca canté

Seguro que no lo dice para molestarme mucho. Quizás es sólo para molestarme un chin. La verdad es que cuando Mi hijo Favorito de los Mayores, me dice que no recuerda que yo le haya cantado ninguna canción para dormirlo, el corazón se me hace añicos. Se me borra la sonrisa. Sufro como si me negara y me arrastro por las calles de la angustia. Lloro como una Magdalena. Un frío desconocido en el trópico me sube desde los dedos al cuello y los ojos se vuelven en blanco. Suena la banda musical de las escenas tenebrosas de películas low budget…

Y ya. ¡Jajaja! ¡Se acabó el dramón!

Como él dice que yo no le canté canciones de cuna, hoy, le dedico una que NUNCA le canté. Mi venganza es la siguiente: Mi hijo Favorito de los Mayores se la tendrá que aprender ¡en ruso!

¿Escucharon bien? Y le toca a ustedes, nietos de mi esposo, e hijos de mis hijos… que cuando sus maravillosas madres les pregunten… ¡se las conozca de memoria!

Aquí un adelanto en español de la canción rusa que debe aprender:

(Ilustración, de Amazon, para que se aprenda todas las canciones de Fabrizio Obriglio de una vez)


viernes, 9 de julio de 2010

¡Hoy cumplo 25 años! (deMadre)

La primera semana de julio del 1985 me “despidieron" del trabajo. “Hoy es tu último día de trabajo”, me dijo mi editora muerta de la risa. No me permitió el lujo que a muchas otras empleadas: trabajar hasta casi romper fuente.

-“Mi’jita esa fuente me la rompes en tu casa. ¿Estás clara? Hemos estado cuidando esa barriga como si fuera de cristal. Así que nonines. Te me vas pa’ la D-43, y no me mires así”, me dijo María (nombre real).

No había forma de reclamar trato “normal”. Fueron 7 meses de “mimos ocupacionales” (antes de que se aprobaran las leyes actuales que hasta le reservan estacionamientos privilegiados a las barrigonas). Jefes y colegas, así como empleados de departamentos relacionados, estaban en ascuas esperando por ese bebé: mi quinto embarazo. Si miraba al lado, me preguntaban qué necesitaba; si quería ir al baño, se ofrecía para escoltarme. Siempre había una cítrica y un vaso con hielo sobre mi escritorio para espantarme las náuseas que tuve durante 9 meses. Yogourt Dannon de melocotón o fresas; nunca combinado. Ciruelas pasas a las 3:00 de la tarde y almendras mientras conducía a casa.

Mis padres estaban fuera del país, pero llegó una tropa a “cuidarme”. Los cuentos de la fuente que sólo goteó, los abuelos y las gemelas; "la playa" y el sueño de mi esposo también se quedan en el tintero. Merecen un espacio por sí solos.

Hoy conmemoro el vigésimo quinto cumpleaños de mi Hijo Favorito de los Mayores. Fiesta Nacional. El bizcocho con las 25 velas, los globos y los regalos son para él; pero deep inside, los dos sabemos que quien celebrará a la 1:27 de la tarde de hoy, soy yo.

Tomen nota, nietos de mi esposo; hijos de mis hijos. Celebren sus respectivos cumpleaños con una Fiestas Nacional para sus madres. Yo lo hacía con la mía.

(Foto, de la Web, yo me como los bizcochos, no los retrato...)

jueves, 8 de julio de 2010

"Antes de nacer, estabas en una estrellita"

Eso le digo a mis hijos ahora que tienen 20 y 25 años.

Cuando eran enanos, Mi Hijo Favorito de los Mayores… y 4 años después, el Favorito de los Menores- sabían ad nadseum- la historia del espermatozoide listo y rápido que corría hacia la meta con nombre de huevo. Sabían cómo y de dónde llegaba; cómo crecía el embrión, y las etapas del feto. A mis niños se le hablaba claro y llano para que no los trataran como idiotas, y para que tampoco llegaran a casa haciendo preguntas tontas de una cigüeña cagona que los calentaba con el fondillo emplumado en un nido cochino. ¡Guácalas!

Tampoco hubiera sabido cómo explicarles dónde las tales cigüeñas encontraban las sabanitas rosa o azules y se las podían amarrar al pico. ¡Absurdo! La verdad era más sencilla de explicar.

Ahora bien… cuando la escuela los convirtió en conocedores de las mentiras de la poesía, yo misma les hacía cuentos dignos de versos engañosos asquerosamente empalagosos… de los de labios de rubí y dientes de perlas. En ésta etapa de sus vidas ya su Mamá Gallina (que soy yo) estaba segura de que no se afectarían emocionalmente con ilusionismos. Ya grandotes y casi con bozo, les inventé el cuento de que habían bajado de una estrella porque yo los reclamaba para que crecieran en la casita que tenía en mi barriga. Ellos se hacían los bobitos y se acurrucaban apestosos a baloncesto y jangueos. Ahora bien, cuando se ponían necios, los bajaba de la nube con una velocidad pasmosa: “Mira muchacho, no jodas más, que cuando estabas en la estrellita te mandé a buscar, pero te puedo devolver de una patada”.

¿Por qué recuerdo esta historia hoy? Porque Daiana –una joven bloguera que me ha sacado la ternura escondida- me acaba de otorgar un hermoso regalo: el “Premio a Madre Amor”: una bellísima imagen de un chiquilín que toca la “casita” donde crece el feto que ya es su herman@. Pero eso no es todo, el hermano mayor toca la estrellita que bajó a la que fue su casita… casita que en mi caso, hoy es una panza que se esconde de los bikinis.

¡Gracias Daia! Estoy segura de que vas a ser una madre espectacular, con esos adorables abrazos cobertores tan tuyos.

"Bebé, ¿cuánto es cero más cinco?"

Garantizado: nunca te aburres con un bebé si tiene un hermano mayor que lo adore. Y si es un muchachito consentidor, que protege al hermanito y “le sigue la vuelta” para hacer que se ría, mejor aún. Tienes la vida resuelta hasta que entren a la etapa de las peleas. Ese fue nuestro caso durante el primer ciclo de “hermano mayor”, de mi Hijo Favorito de los Mayores.

Inspeccionaba que el pañal no estuviera húmedo; que el bebé estuviera cómodo, que tomara mucha agua durante los días de calor y que se viera feliz. Cuando no se veía feliz, el hermano mayor se encargaba de hacerle cosquillas y cucas monas hasta el fastidio.

Para que su hermanito “no sufriera”, el mayor le traducía los deseos: “A” significaba agua; “E”, significaba leche, y “U”, jugo. El bebé no tenía necesidad de hablar, y no habló. Entonces, los ataques de histeria de la Mamá Gallina, que soy yo, incluyeron la posibilidad de llevar al bebito a una terapia del habla. Aparentemente la palabra terapia –asociada a las “terapias respiratorias” de los amiguitos del Montessori- le causaron una gran preocupación hermano mayor.

- "¡No, Máma! El bebé no habla mucho, pero sabe matemáticas”, dijo, haciendo uso de una extraordinaria destreza de defensor.

- "Que ¿cómo?", le pregunté sospechando un truco.

No tuve mucho tiempo para pensar porque me haló por la ropa hasta llegar a donde su hermanito jugaba ajeno a la seria situación. El mayor se sentó en el piso con él y le preguntó:

- "Bebé, ¿cuánto es cero más cinco?"

- "¡Chinco!"

- "¿Y doce menos seis?"

- "¡Chéich!"

- "¿Y cero más ocho?"

- "¡Chócho!"

- "¿Ves, Máma? ¡El bebé va a hablar pronto! ¡Ya sabe matemáticas!"

- "¡Máticash!"

Ese día supimos que el hermano mayor había descubierto que el bebé repetía el final de las frases que sólo su hermano mayor le preguntaba pegándole la cabeza: frente con frente, nariz con nariz… ya fuera limpia, o mocosa… El bebé repetía lo que su traductor /defensor lo hacía repetir mediante la intimidación.

Hoy día el mayor estudia Derecho y el menor Finanzas. Y hasta hoy que lo cuento, no se me había ocurrido que ese pudo haber sido el primer indicio de lo que serían sus respectivas vocaciones. "¡Onech!"

(Ilustración, del Web. ¡"Guebch!")

miércoles, 7 de julio de 2010

Aquellas ventas especiales de “Regreso a la escuela”

Un mes antes de que comiencen las clases, ya las tiendas anuncian los especiales de “Back to School”. Patético. Inflan los precios, y luego los “rebajan” "por tiempo limitado" para ponerlos “en especial”. Como madre obrera siempre estuve pendiente de que mis muchachitos tuvieran todos los materiales desde principio de año escolar para las clases y para las emergencias. Eso de que me digan a las 8:00 de la noche que tengo que comprar unos marcadores de colores o una nueva libreta de papel cuadriculado no era para mí. No era justo después de estar todo el día en la calle haciendo trabajo de guerrilla.

Según la edad de los muchachitos y sus necesidades académicas, les guardaba en una caja plástica transparente con todo lo que pudieran necesitar si se quedaban “cortos”: libretas, lápices, cartulinas, fólders, sobres manila de todos los tamaños, libretas de rayas, cuadriculadas, con hojas en blanco, tape, papel de construcción… tijeras, paginas transparentes para proyectos especiales. ¡Tenía que apertrecharme de todo!

La caja mágica debía de estar provista para las necesidades de último momento, como cuando llegaban a la última página…(“ ¡Máma, se me acabó la libreta!); desaparecían los lápices… (“Es que a Fulanito se le perdió y le dí de los míos”). En fin, esas necesidades de “último momento que complicaban la hora de la cena, y confligían con el momento de verificar los uniformes y organizar las provisiones para las meriendas… del próximo día. La caja mágica proveía materiales para uso en la escuela, para hacer asignaciones, para cualquier proyectito que se zafara, y hasta para uno que otro vecino que tuviera una emergencia.

La caja plástica pasó a tener otro uso cuando los muchachos pasaron a escuela superior. Creo que terminó guardando juguetes viejos (¡Ay! ¡Qué pena! Recuerdo a Toy Story I…). Para más comodidad, la caja plástica fue sustituida por un gavetero también plástico, transparente/opaco y con ruedas. En los tres compartimentos se apiñaban los mismos materiales, pero ya propios para muchachos de secundaria. En la uni, mi papel de proveedora de materiales cambió. Ya no compraba libretas, ni bolígrafos, ni lápices. Cada quien se los compra a su gusto. Y no faltaba más. Yo también tengo mis preferencias, y me las respetan.

Hoy día, extraño aquellos inicios de clase, cuando espulgaba los anuncios para ver donde había la mayor cantidad de materiales escolares al menor precio. Todavía los periódicos de los jueves publican preñados de anuncios con los “Especiales de Regreso a la Escuela”. Yo los miro para recordar lo rápido que pasa el tiempo. Y el orgullo de saber a Mis Dos Hijos Favoritos (el Favorito de los Mayores y el Favorito de los Menores), uno en bachillerato y el otro en Escuela de Derecho, ya no dependen de la cajita de materiales que su bella Máma compraba a principios de semestre. No sé si ellos lo extrañan, pero no les voy a preguntar.

(Ilustración, de la Web)

Pisos blancos… zapatos... ¡Afuera!

En casa, algunas de las reglas hogareñas fueron impuestas por los muchachos. Cuando yo sufría de aquellos demoledores dolores de cabeza que me inhabilitaban, mis Hijos Favoritos se encargaban de poner el orden: “no se puede hablar duro”. Cerca de la hora de almuerzos, meriendas o cenas, tenían que informar la cantidad de boquitas para tener el doble de los alimentos porque los que decían no tener hambre, por lo regular comían por dos. No podía quedar nada en el plato. A cambio, me comprometía a no informar que en casa comían lo que se negaban en sus hogares

Si jugaban baloncesto fuera de casa; caritas y manitos sudorosas tenían que disponer de jarrones de agua o limonada, pero sólo podían usar vasos plásticos. Coca-colas y jugos de cajitas, también; pero fuera.

Las guerras con ametralladoras de agua se aprovechaban para lavar carros y regar plantas; condicionado a que se secaran y vistieran fuera de la casa escondidos entre cortinas de toallas de playa. Sólo el mayor de los guerrilleros podía usar mi ametralladora; siempre la más grande. ¡Ah! Sin disparos a la cara. Las competencias burbujas de jabón gigantes estaban sujetas a la supervisión de un mayor de edad que estuviera pendiente de que aceras de la calle no resbalaran.

Los competidores de los Torneos de Monopolio no podían mezclar piezas. Cero peleas. Sólo gana uno a la vez…

No recuerdo todas las reglas; ni las escritas en piedra, ni las que se derritieron en el bloque de hielo. Pero todo el que llegara a casa sabía cuántos hijos de otros había… al contar los pares de zapatos tirados a la entrada. Y eso que nadie sabía que yo tenía un kimono para salir del baño.

Ustedes... niet@s de mi esposo, sigan las reglas que le impongan sus padres... en casa no creo que estén vigentes cuando ustedes lleguen.

(Foto, del Gueb. Mi kimono es azul, pero hoy está en la lavadora)