Se atreven a seguir mis locos desmadres...

miércoles, 7 de julio de 2010

Pisos blancos… zapatos... ¡Afuera!

En casa, algunas de las reglas hogareñas fueron impuestas por los muchachos. Cuando yo sufría de aquellos demoledores dolores de cabeza que me inhabilitaban, mis Hijos Favoritos se encargaban de poner el orden: “no se puede hablar duro”. Cerca de la hora de almuerzos, meriendas o cenas, tenían que informar la cantidad de boquitas para tener el doble de los alimentos porque los que decían no tener hambre, por lo regular comían por dos. No podía quedar nada en el plato. A cambio, me comprometía a no informar que en casa comían lo que se negaban en sus hogares

Si jugaban baloncesto fuera de casa; caritas y manitos sudorosas tenían que disponer de jarrones de agua o limonada, pero sólo podían usar vasos plásticos. Coca-colas y jugos de cajitas, también; pero fuera.

Las guerras con ametralladoras de agua se aprovechaban para lavar carros y regar plantas; condicionado a que se secaran y vistieran fuera de la casa escondidos entre cortinas de toallas de playa. Sólo el mayor de los guerrilleros podía usar mi ametralladora; siempre la más grande. ¡Ah! Sin disparos a la cara. Las competencias burbujas de jabón gigantes estaban sujetas a la supervisión de un mayor de edad que estuviera pendiente de que aceras de la calle no resbalaran.

Los competidores de los Torneos de Monopolio no podían mezclar piezas. Cero peleas. Sólo gana uno a la vez…

No recuerdo todas las reglas; ni las escritas en piedra, ni las que se derritieron en el bloque de hielo. Pero todo el que llegara a casa sabía cuántos hijos de otros había… al contar los pares de zapatos tirados a la entrada. Y eso que nadie sabía que yo tenía un kimono para salir del baño.

Ustedes... niet@s de mi esposo, sigan las reglas que le impongan sus padres... en casa no creo que estén vigentes cuando ustedes lleguen.

(Foto, del Gueb. Mi kimono es azul, pero hoy está en la lavadora)

lunes, 5 de julio de 2010

“Aprovecha el último 26 de junio de 2010 de tu vida”

Cuando le dije eso a Mi Hijo Favorito de los Menores hace dos sábados, casi lo mato de un infarto…

- “Mi amor, recuerda que éste va a ser el único y último sábado 26 de junio de 2010 de tu vida. ¡Qué bueno que lo vas a aprovechar aunque estás libre de trabajo!”

Desde antes de que tuvieran idea del concepto del “ tiempo”, le hice saber a mis hijos favoritos que no se dejan las cosas para último momento, ni para mañana. “Recoge tus juguetes AHORA”; “Ahora no es momento de comer dulces”; “Te puedes bañar en un rato. Pero te tienes que bañar HOY”. ¿Difícil? Casi imposible, especialmente lo del baño.

Más crecidos les recalqué que “tiempo que se va, tiempo que no recuperas”, y que cada momento de la vida es para “saborearlo”. Quizás por eso el enano más enano se quedó en la universidad todo el periodo de vacaciones de verano para trabajar y ganarse un dinerito que le hace falta para saborear un proyecto del que ya pronto hablaré. Para aprovechar todavía más su estadía, se matriculó en un curso corto sabatino que le ayudará en la carrera que ha seleccionado. Al ver su genuino interés, la administración lo liberó del trabajo los sábados.

El asunto es que el pasado, único y último sábado 26 de junio de 2010 de nuestras vidas, Mi hijo Favorito de los Menores comenzaba el curso electivo, breve e intensivo en la ciudad. La universidad en la que trabaja, estudia y vive, está ubicada en un campito a más de 20 kilómetros, de manera que para llegar al punto donde se daría el curso, necesitaba varios relevos: un auto parallegar de la uni a la estación del tren má cercana; cambio de tren en la ciudad y varios cambios de líneas de tren. Después, con don Fernando: “un ratito a pié, y otro andando”.

Por razones que no vienen al caso, no recibió un correo electrónico del profesor que anunciaba un cambio de local. Después de los relevos previstos - y con bastante antelación- llegó al lugar citado inicialmente. Vacío. Nadie le supo explicar donde era el curso. Tras varias llamadas, supo que era en otro lugar, lejos del punto donde se hallaba. “Con Fernando”, se dirigió al tren, pero tomó la línea errónea. Se cambió tan pronto pudo. Ya iba tarde, pero el profesor sabía de su interés por tomar el curso y de lo difícil que le era pagar por el mismo. Otra vez “con Fernado”, pero de vez en cuando corriendo, llegó.

Habían empezado tarde por esperarlo. El profesor reconoció que no le había enviado mensaje el correo electrónico para avisarle del cambio. Y el muchacho que recordó que no podía recuperar ese único y último sábado 26 de junio de 2010, no se amilanó hasta verse en la sala de conferencias. Si bien el tiempo no se recupera, a los ojos de un chico que estudia finanzas, “el tiempo también es dinero”.

Al final del día escuché un “aproveché el día de clases y los $700 que me costó el curso”. Ese, en efecto, fue el el último 26 de junio del 2010 de su vida. Y esos $700, valdrán el esfuerzo.

- “¿Ya ves el por qué de…”

- ¡Sí Máma! Día que se va, día que no recuperas...!

Tomen nota, nietos de mi esposo, hijos de mis hijos.

(Ilustración, de la Web)


domingo, 4 de julio de 2010

"No hay en el mundo para mí, otro capullo de alelí..."

En persona y mirándonos a las caras, ya sea felices, o tras uno de mis regaños, por teléfono, al textearme; ahora por Messenger y próximamente por Skype, mi Hijo Favorito de los menores acostumbra cantarme "Capullito de Alelí", de Rafael Hernández.

El otro día le pregunté la razón por la que le gustaba tanto la canción del alelí y me dijo que le traía muchos recuerdos de cuando era chiquitito. Estoy segura que el "Capullito de Alelí" de Rafael Hernández no se escribió con el propósito de acunar capullitos. A mí me funcionó con el enano más enano. Lo apaciguaba. Lo bajaba a "low". A no ser por esa canción, entre otros trucos, no me quiero imaginar qué hubiera sido del que decía indiscriminadamente "te voy a matar"... y de nosoros.

Tampoco pensé que a un brasileño le gustara tanto el capullito tan nuestro como para cantarlo en español en un importante concierto. Así que, gracias Caetano, te quedó súper. Especialmente con ese pelo engomado al estilo de los enamorados del siglo pasado. Me gusta tu suave acento portugués, tu sonrisa picarona, los saltitos que das al bailarlo... la orquesta, el escenario... es más, te daría hasta un beso en la boca... pero ésta noche me llegará el aroma seductor cuando me la canten por teléfono... y eso, Caetano, no me lo puedes dar tú.

Ustedes... niet@s de mi esposo, seleccionen canciones especiales para sus respectivas mamis. Las harán reventar de la felicidad.

"Capullito de Alelí" (Rafael Hernández)

Lindo capullo de alelí
si tu supieras mi dolor
correspondieras a mi amor
y calmaras mi sufrir,
porque tu sabes que sin ti
la vida es nada para mí
tu bien lo sabes,
capullito de alelí.

No hay en el mundo para mí
otro capullo de alelí
que yo le brinde mi pasión
y que le de mi corazón,
tu solo eres la mujer
a quien he dado mi querer
y te brindé lindo alelí
fidelidad hasta morir

Por eso yo te canto a ti,
lindo capullo de alelí,
dame tu aroma seductor
y un poquito de tu amor
porque tu sabes que sin ti
la vida es nada para mí,
tu bien lo sabes,
capullito de alelí.


sábado, 3 de julio de 2010

Queridos nietos de mi esposo e hijos de mis hijos...

Les debo esta explicación para que no crean que me niego a ser abuela ni a quererlos. Al contrario, me enternezco y entremezco de pensar que van a bajar de alguna estrellita para aterrizar en el vientre de sus maravillosas madres (a quienes todavía no conozco) para ser arrullados por ellas y por mis hijos.

Estoy haciendo lo indecible para llegar a ese momento. Parece que no va a ser pronto porque los chicos están estudiando y alegan que se van a tardar en emparejarse y en tenerlos. Yo no sé si eso funciona así, porque hasta el día antes de casarme con su abuelo, yo me negaba. Les cuento otro día. Mientras, les revelo algunas anécdotas de sus padres, la mayoría de las cuales ello no le dirán.

Esta es la historia de cómo surgió eso de “los nietos de mi esposo e hijos de mis hijos”:

Erase que fué, un Día de las Madres en el que mi esposo se antojó de llevarme a cenar a un restaurante “fancy” en el Viejo San Juan. Mi Hijo Favorito de los Menores estaba en escuela superior y trabajaba de mesero en la hermosa Ciudad Amurallada. Siendo el más formalito de los dos (y porque al final del día arrojaba aromas a bisté con cebolla y mofongo relleno de camarones), se bañó en la incómoda ducha de “El Punto” y apareció al punto de encuentro, guapo, oloroso y hasta con un gabán. Su abuelo, Mi Hijo Favorito de los Mayores y yo llegamos juntos. Para bendición mía, que no podía caminar bien, estacionamos el frente de “Corazón”. Fancy, fancy. Lindo lindo. Caro, caro… pero no me podía negar.

Teníamos reservación, pero como yo tenía mucha dificultad en caminar, nos sentaron en un lugarcito especial e íntimo, cerca de la puerta. Como siempre, su abuelo me prodigó regalos, mimos, cositas bonitas... y repitió recuerdos de mis primeras aventuras de Mamá Novata… Total, los mismos cuentos de siempre. Cuando ya nos tenía anestesiados, a su abuelo se le zafó la frase: “… cuando seas abuela…” ¡No se quieran imaginar!

- ¿Quieres nietos? ¡Te los compro!

- ¡Mi amor! ¿Qué dices?

- Que si quieres nietos, te los compro. Es muy pronto para pensar en eso.

Pregunta y contestación dejaron sin aliento a su abuelo y a las otras madres/abuelas que celebraban en el mismo restaurante. Aparentemente lo dije en tono de voz un poco alto. Les advierto que sus respectivos futuros padres/tíos reaccionaron con carcajadas. No los culpen. En aquella época, de veras que me agradecieron el comentario. Como podrán comprobar, pasaron muchos años de esa cena en "Corazón" antes de que ustedes –nietos de mi Corazón -bajaran de sus estrellitas para acomodarse en el vientre de sus maravillosas madres… y en el corazón de todos.

No están molestos con abu… ¿verdad que no? No teman, que no los pedimos por e-Bay ni Amazon. No nacieron de inventos de laboratorio ni por el método Ricky Martin. BTW, que no se les olvide: los amamos.

(Ilustración, de la Web)

Sobre cómo un escena de la vida real cambió una vocación actoral...

Queriéndonos convencer de su talento como actor, mi Hijo Favorito de los Menores, casi nos mata de un susto: a nosotros y a casi una veintena de comensales del restaurante 4 estrellas, del hotel 3 estrellas, pero con playa de tantas estrellas como las que nos regala el cielo de una noche despejada de nubes.

El enano más enano tenía entre 5 a 8 años, unos ojos picarones: siempre enamoradizos para las nenas, y simpaticones para el resto de la humanidad. Cortés, muy educado y correcto, no era ni la sombra del “asesino en potencia” que le decía a todo el mundo ‘te voy a matar” par de años antes.

Bebidas en la mesa, entradas, pancito… y llega el mozo con los 4 platos. Al primer bocado mi amado e inigualable hijito del corazón se ahogó de tal forma que se puso rojo, daba golpes en la mesa y hasta lloró. ¿Qué hizo su madre? Se desesperó y lanzo un grito de auxilio.

Afortunadamente siempre hay algún médico cerca, o un paramédico, o una enfermera... o alguien que aprendió primeros auxilios por la tele y conoce la maniobra de Heimlich. Ese alguien corrió a nuestro auxilio. Después de darle varios golpes, el muchachito/actor/sinvergüenza se rió y dijo: “Era una broma. ¿Lo hice bien?”

No recuerdo si aplaudieron cuando salimos del restaurante, o cuando hicimos el check out del hotel. Mi cara se arrastra de la vergüenza todavía hoy. No hemos vuelto al hotel aunque no reconozcan al muchacho que hoy se afeita la cara... tememos que reconozcan a los padres y tengan nuestros nombres en la lista de los "non gratos"

Par de años después la tal broma casi le cuesta la vida una tarde de almuerzo en casa. Se ahogó de veras con un pedazo de carne… ¡y no le creímos!

El enano más enano abandonó el afán por la carrera actoral poco después. Ustedes... niet@s de mi esposo, no se pasen de la raya.

domingo, 27 de junio de 2010

“Here comes the sun”; canción de cuna de los Beatles

El mismo sol, sin cansarse. La misma canción podrá disfrutarse en diferentes versiones, tiempos y estilos. La misma tonada y letra le seguirá gustando a ésta mamisonga que la cantaba a boca de jarro en los happy hippie days… y después con dulzura (a los casi 30) como canción de cuna a su Hijo Favorito de los Mayores; y luego repetía mientras amamantaba a su Hijo Favorito de los Menores.

Hoy día la cantante que se especializa en alterar la letra de las canciones no entiende cómo hacía para amamantar a un bebé alternando el ala para abrigar al grandecito y seguir cantando la misma canción de cuna que siempre le garantizó a los chiquilines amaneceres a fuerza de besitos.

***Vale destacar que el enano más enano creció fascinado con los ingleses pelús.

“Here comes the sun … mi amorcito… here comes the su-un… mi amorcito… y siempre serás mi bebé… Sun, sun, sun here he comes!. Sun, sun, here he comes!"

“Here comes the sun” (The Beatles)

Here comes the sun, here comes the sun,
and I say it's all right

Little darling, it's been a long cold lonely winter
Little darling, it feels like years since it's been here
Here comes the sun, here comes the sun
and I say it's all right

Little darling, the smiles returning to the faces
Little darling, it seems like years since it's been here
Here comes the sun, here comes the sun
and I say it's all right

Sun, sun, sun, here it comes...
Sun, sun, sun, here it comes...
Sun, sun, sun, here it comes...
Sun, sun, sun, here it comes...
Sun, sun, sun, here it comes...

Little darling, I feel that ice is slowly melting
Little darling, it seems like years since it's been clear
Here comes the sun, here comes the sun,
and I say it's all right
It's all right

(Foto x Cass, del amanecer del 30 de noviembre de 2009, en Fajardo, cuando ambos bebitos eran universitarios)



viernes, 25 de junio de 2010

“Todo bien?” “Estas bien?” (II)

Texteo a mis hijos cuando están fuera de casa a altas horas de la noche -o tempranas de la madrugada- para no interrumpirlos, en caso que estén: teniendo sexo o haciendo el amor (que no es lo mismo, pero se parece); en alguna “reunión” en una barra; bailando salsa, u “otras posibilidades… (que espero sean legales y no de alto riesgo). Y así se los digo.

- “Ay, Máma! ¡No seas boba! Te Amo. Me gusta que me llames”, dice Mi Hijo Favorito de los Mayores.

- “¿En serio? ¿No se burlan tus amigos?”, pregunto arriesgándome a la contestación que no quisiera escuchar.

-“Ya quisieran ellos. De todas formas, yo salgo a contestarte”, dice en tono diplomático que significa que para que nadie sepa que es su madre, el se escondería para hablarme…

- “¿Y si te interrumpo sexeando?”

- “Te texteo después”.

- “Ejem… ¡entendido! Pero prefiero textearte, mi’jito”, le digo. Para eso le regalé el iPhone...

(Foto, de la Web; yo no tengo iPhone, ni voy a retratar al del muchachito)