
Texteo a mis hijos cuando están fuera de casa a altas horas de la noche -o tempranas de la madrugada- para no interrumpirlos, en caso que estén: teniendo sexo o haciendo el amor (que no es lo mismo, pero se parece); en alguna “reunión” en una barra; bailando salsa, u “otras posibilidades… (que espero sean legales y no de alto riesgo). Y así se los digo.
- “Ay, Máma! ¡No seas boba! Te Amo. Me gusta que me llames”, dice Mi Hijo Favorito de los Mayores.
- “¿En serio? ¿No se burlan tus amigos?”, pregunto arriesgándome a la contestación que no quisiera escuchar.
-“Ya quisieran ellos. De todas formas, yo salgo a contestarte”, dice en tono diplomático que significa que para que nadie sepa que es su madre, el se escondería para hablarme…
- “¿Y si te interrumpo sexeando?”
- “Te texteo después”.
- “Ejem… ¡entendido! Pero prefiero textearte, mi’jito”, le digo. Para eso le regalé el iPhone...
(Foto, de la Web; yo no tengo iPhone, ni voy a retratar al del muchachito)