
Mis hijos se convirtieron en los encargados de hacer la lista de la compra desde que pudieron agarrar un lápiz. Yo dictaba, y ellos escribían. Fideos, papas, habichuelas. Al principio, me memorizaba los artículos porque no tenía forma de entender los garabatos de enanos de dos años. Cebollas, jabón de fregar, comida de gatos. En los inicios del Montessoriniato, se podían distinguir algunas letras. Guineos, pan, tomates.
Ya en la etapa inicial de primaria, la lista tenía que ser legible y las habichuelas tenían que tener sus dos aches; el atún se compraba con acento en la u; y, el pescao tenía que ser pescado. Entre segundo y tercero, había que mejorar la caligrafía. Lechugas frescas, del país, habichuelas verdes –nunca berdes- y maíz en mazorcas, con sus debidas zetas. De cuarto a quinto, ellos debían hacer el inventario de lo que faltara en la alacena; pero siempre cuidándose de errores ortográficos, y con letra legible y linda. Ajos, pimientos, pechugas de pollo.
Escuela intermedia debió haber sido de pesadilla. Debían recorrer la casa para ver qué hacía falta en baños, botiquines y laundry. Papel sanitario, jabón de baño, blanqueador; aspirinas, palillos de oídos, mapo.
Se complicó en superior. Tenían que pensar en los ingredientes del menú. De manera que si su padre se antojaba de sopa de lentejas, no faltara nada. Lentejas, jamón, apio. ¿Guiso? Pimientos, cilantrillo, culantro. Ya en universidad, además de hacer la lista de la compra, debían hacerla por tiendas y rutas para ahorrar gasolina y tiempo. Los plátanos verdes, bien verdes, y la calabaza fresca -cortada al frente de ustedes- se compran en el tenderucho detrás de Pueblo y el que conoce mis gustos es el hijo del dueño, el muchacho joven y guapo y de la sonrisa más linda… después de las de ustedes, mis hijos. Cuando suban la cuesta, entran a Amigo. Allí se compra el jugo de china Tropicana, con gajitos y mi yogurt favorito - el del envase verde- que puede ser de cualquier sabor de frutas, nunca de vainilla y ni light. Amigo los tiene a mejor precio, en paquetes de cantidades moderadas… Aunque siempre son frescos, verifiquen la fecha de expiración.
La avena, el arroz de grano largo y los aceites de canola y oliva se compran en Sams, ¡Ah! La carne fresca, en el colmado de Buenavista, al frente del beauty de Mari. Y el que le da el mejor corte y machaca los bistecitos es don Manolín.
¿Mala Madre? Sí. Pero con la lista de víveres, mis hijos aprendieron ortografía, economía, administración empresarial, lógística, y a usar brújula invisible antes de que llegaran los GPS (que para ustedes, nietos de mi esposo, serán cotidianos hasta para ir al baño)
(Ilustración, del Web)





