Se atreven a seguir mis locos desmadres...

viernes, 8 de julio de 2011

“¿Qué tal te fue hoy?”

Cuando le pregunto por los hijos a algunas colegas en la maternidad que conozco, me contestan en genérico. Estoy segura que no saben porque no conversan, o en último caso, porque no interrogan. Es que no todas hacen la pregunta que para mí es básica cuando nos llamamos al final del día, o nos sentamos a cenar juntos: “¿Qué tal te fue hoy?”

Las pocas colegas en la maternidad que me dicen que se valen de la pregunta, admiten que la contestación usual de sus hijos –sean niños, pre adolescentes, adolescentes, o jóvenes adultos- puede ser “bien”, “mal”, “más o menos”, “regu”. La misma contestación puede venir de boca de sus esposos, companer@s, amantes, parientes o dolientes. ¡Qué mal les va! En casa, una contestación simplista no tiene espacio. La advertencia temida es la siguiente:

-“Okey, ahora dame el cuerpo de la noticia”.

Y “¡ay!” del que no declare detalles. Claro, eso me pone a mí también en la obligación de desembuchar lo que hice durante mi día…

Pero es la única forma de saber “cómo va la cosa”; si alguien necesita ayuda ante cualquier evento; o si en efecto, vamos a celebrar los logros del que tuvo un gran día. Sepan, nietos de mi esposo, que en esta familia se conversa con hechos.

Por cierto, amig@ bloger@: “¿Qué tal te fue hoy?”

(Ilustración de la Web... hasta ahora, nadie ha fotografiado las dudas que esconde mi cerebro)

miércoles, 6 de julio de 2011

Nunca tendré otro bebé

A veces se pierde la esperanza en la humanidad. Los periódicos colaboran para que así sea. Y eso, es casi una desgracia. ¿Cómo es posible que una veterana periodista diga eso? Pues precisamente por lo de veterana. Confieso que estoy harta de ver noticias de guerras, asaltos, asesinatos, suicidios, corrupción, estadísticas que agobian, gobiernos que llevan los países al abismo, enfermedades incurables…

Lo admito: hoy amanecí con el desánimo arriba. Entonces, en el mismo momento en que me sentí “desahuciada” de felicidad; como si la bruja me hubiera chupado la alegría –como decía mi Madre Sustituta- apareció en mi celu una foto de Alexititito, biznieto de esa gran mujer que ya no está con nosotros.

Y yo –que ya había escampado la lluvia de mis ojos- texteé a mi sobrina postiza el siguiente mensaje: “Gracias x enviarme las fotos del angelito. Las necesito para animarme porque a veces pienso que nada vale la pena. Solo vivir de la esperanza de un nuevo dia con un sol como el que Dios te dio. Te amo, Princesa. (todavía te puedo decir como cuando eras chiquita?).

Mi Princesa –sobrina de mi Ángel de la Guarda/comadre/hermana regalada del Cielo por parte de mi Madre Sustituta- me contesto que “Siiiii” y con la foto que hoy replico del chico “riéndose con los angelitos”.

Insisto: “No tendré un hijo más”, pero me ilusionan los nuevos bebecitos. Para ellos insisto en que debemos continuar forjando un mejor país; un mejor mundo.

Por lo tanto, esposas/ parejas de mis Hijos, "siiiii" que quiero descendencia aunque no los conozca. Mi esposo está que baila de cabeza soñando con esos nietos que llevará a soccer, al golfito y al cine, después de acurrucarlos, mecerlos, cantarles (ejem… espero que no en voz alta)… Y espero que a su vez, ustedes, Nietos de Mi Esposo, tengan su propia descendencia, aunque los compren por eBay.

Besitos de nubes a todos los bebitos del mundo (para no despertarlos cuando sonrían con la Abuela y con los angelitos).

(Foto, del álbum familiar que se nutre de mi BlackBerry)

domingo, 3 de julio de 2011

La noche loca de Mima

Hay un espacio fino entre la adolescencia y la adultez en el que los padres a veces somos necesarios… y a veces no. Sepan madres de los hijos de mis hijos lo que nos sucedió. Y sepan, futuros nietos de mi esposo, que los padres no estamos de figura decorativa.

En ese periodo de descubrir música “diferente” mi hijo Favorito de los Menores descubrió una cantautora jovencita. La chica no había grabado con disqueras. Su música, en grabaciones cuasi artesanales se conseguía pirateada, o en la única tienda de ropa étnica (whatever that means), apta para chicas flacas, jóvenes, despreocupadas y libres… tal y como yo había sido hace 35 años.

Conocíamos algunas canciones de Mima porque el enano nos las hizo escuchar directo de la iPod en algún viaje de 3 horas para visitar a los abuelos de San Germán. El chico había rerepirateado las canciones de la tal Mima de un amigo que las había repirateado de otro que a su vez, las había pirateado. A mí me encantó el estilo desenfrenado e irreverente de la chica, que hasta ese día había sido un misterio.

Poco después, el amigo del amigo del amigo de mi hijo anunció un concierto de Mima en un café teatro bohemio. Todavía Mi Hijo Favorito de los Mayores no tenía licencia de conducir, así que Súper Papá ofreció a llevarlos.

¡Sorpresa! El café teatro era un antro de perdición a los ojos de un padre cuarentón y canoso, quien obviamente estaba fuera de lugar. La Mima se tardó más de 2 horas en salir al escenario y la gritería en el lugar era tal, que el Abuelo de mis Futuros Nietos –oficialmente sordo- no lo podía tolerar. La cajita de paciencia de mi esposo se quebró y pidió el reembolso de las taquillas. No pagó por ver un micrófono solo.

Los tres llegaron a casa con trompas por distintas razones: Papa Oso porque le hicieron perder el tiempo, porque olió humo de cigarrillo y de otras cosas; Osito Adolescente-Casi-Joven-Adulto porque lo hicieron ir a una “mierda” y perdió un tiempo precioso para jugar Sims en su compu; y, Osito Menor-Recién-Llegado-a –la Adolescencia porque se quedó sin ver a la misteriosa Mima.

Yo, la quiero conocer, escuchar su música, y hasta entrevistarla. Me parece que hace falta promover su talento, oculto por las leoninas casas disqueras. ¿Y si llega tarde a los conciertos? ¡Le regalo un reloj! Porque a Mima no la detiene ni la lluvia…

(Foto de la Gueb. Yo no estuve en el concierto del micrófono sin voz)

sábado, 2 de julio de 2011

“Mi’jito, me lo dices por facebook”

Cuando escuché eso por primera vez, entré en un ataque catatónico que muchos confundieron con un episodio de convulsiones. ¿Yo enterarme de las cosas de mis hijos por facebook? ¿Y qué de la comunicación que había desarrollado con ellos desde que eran bebecitos y les enseñé a decir “mamá”? ¿Y qué de aquellas horas conversando con ellos antes de que aprendieran a hablar? ¿Y cuando los acostumbré a comentar sobre los eventos diarios con el “¿cómo te fue hoy, mi vida?”

Naaaaa… eso no me va a pasar a mí, me dije. Entonces llegó facebook y lo cambió todo… hasta el texteo alteró el flujo de las conversaciones con mis principitos.

Anteayer, por ejemplo, Mi Hijo Favorito de los mayores, volaba San Juan-Miami-Montreal.

-“Textea cuando pases los gates”, le dije, para estar tranquila de que alguna/algún agente de seguridad no lo hubiera ordenado desvestirse y modelar para garantizar que no ocultaba drogas ni objetos punzantes (ouch…). Es tan guapo mi hijo, que cualquiera se puede aprovechar para alimentar la pupila.

-“Si Máma. Tranquila, te texteo”

-“¿Llevaste el cargador?”, le pregunté sin disimular la “Mamitis Aguditis Angustiusam Grado I”.

-“Si Máma. Tranquila. Tengo el cargador del iPhone”

-“¿Funciona bien tu iPhone en Canadá?”, y con el comentario, supe que había colmado la copa. Pero mi bebito respondió con la paciencia heredada de su padre.

-“Si Máma, funciona bien. Recuerda que he ido a Montreal muchas veces en los últimos años y siempre funciona”.

-“Okey, perdona, se me pasó. Es que el que tienes, es 3G, y ahora hay uno 4G”, dije haciéndome la boba que él sabe que no soy. Hummm… Y me dije a mi misma: “Misma Mamá Gallina, ‘watch out’, que un abogado que cumple 26 años el próximo sábado puede perder la paciencia...” Pero en este punto el gallineo era incontrolable:

-“Recuerda ponerle un seguro al carro que alquiles. Recuerda lo que nos pasó en Portugal”, dije prometiéndome a mi misma “Misma, 'enough'. Cierra el pico y encomiéndaselo a la Virgencita. ¡Tú, tan devota que eres!”

“Ya, Máma. Tengo el cargador, el iPhone, y el pasaporte. El carro tendrá seguro. Todo está bien”.

-“Okey, mi vida. Que tengas buen vuelo. Me avisas cuando llegues a Miami y luego a Montreal”.

El cuento se convirtió en una pesadilla porque el vuelo se atrasó más de 4 horas. Supuestamente se dañó una pieza del avión y cerraron el aeropuerto por alguna razón que no quiero conocer. El chico texteó cuando llegó a tierra firme en Montreal. Y ya. No lo he querido textear, ni llamar, ni dejarle mensajes de voz. Si el lo hace, Santo y Bueno. Pero trackearlo cuando está con su novia… jamás.

Eso de “Mi’jito, me lo dices por facebook”, se lo dejo a Vivian. Ella es mi amiga-colega en la maternidad-pero no en la forma de ser madre... ni en la de facebookear. Ahora bien, si mi comadre se entera de algo y me quiere decir...

¿Yo? Ni loca. Aunque me corroa. Ni se crean que voy a averiguar cómo le va, buscando sus estatus en facebook. ¿Y si dice una atrocidad que active mis convulsiones? ¡Nonines!

(Ilustración del Guebbbbb. No faltaba más. Los estoy anunciando...)

jueves, 30 de junio de 2011

29 de junio de 2009

¡Fiesta! Ayer se cumplieron dos años del nacimiento de mis casitas gemelas, hermanas mayores de deMadre. El parto fue doloroso porque hacía varios años que me coqueteaba la idea de hacer un blog y me provocaban colegas. “¡Escríbelo, no lo digas!”, me decían.

Yo no les hacía caso porque no estaba en las de “desnudarme por escrito y para el record”. Tomé un taller de Periodismo Digital y discutimos “eso de los blogs”. El taller fue la embocadura a una maestría en Periodismo Digital que nos obligó a abrir un blog.

“¿De qué rayos escribo?”, pensé. No soy poeta. No soy crítica literaria. Mi vida es normal, conozco gente normal… una colega me dijo que tenía que escribir sobre mi proceso de supervivencia con tumores cerebrales. “¡Rayos! Como que no soy taaaan normal… Definitivamente que esa es una opción para salir del paso”, me dije. Y le compré la idea con Conviviendo con Intruso.

Para “neutralizar” lo que pudieran ser ataques catársicos, parí A Cualquiera le sucede.

Entre uno y otro espacio -o casitas de sentimientos- se colaron entradas relacionadas con mi mejor proyecto de vida: la maternidad. Entonces, las reuní en un tercer blog: deMadre.

Cada una es un poco de mí. Cada una fluye a un ritmo propio. Tan es así que hace tres semanas que el blog del Intruso está cerrado por luto. El dolor de haber perdido a casi una docena de colegas entumorados me ha entumecido los dedos cuando merodean esa casita. Sin embargo, esos mismos dedos hacen fiestas irreverentes con Cualquiera, mientras que aquí, en deMadre... juegan y miman.

¿Cuántos años sobrevivirán los blogs de Cassiopeia? Nadie sabe. Ella no está pendiente de estadísticas. Solo sabe que el blogueo “tiene sentido, entendimiento y razón”… y que cuenta con un ejército de amigos blogueros que no cambia por nada en el universo.

A todos ellos –seguidores, o visitantes ocasionales- les regalo hoy el sello del Segundo Aniversario. Gracias, muchas gracias por acompañarme en este viaje...

domingo, 26 de junio de 2011

No es lo mismo Soledad Bravo que “La soledad es brava”

Hace par de domingos retamos a un tremendo aguacero para comprar los boletos del concierto de Soledad Bravo. Subí la entrada (el “post”) y minutos más tarde, el Padre de las criaturas y yo recordábamos lo mucho que nos gustaba la cantante, que en su momento hubiera podido catalogarse de revolucionaria.

Mientras él conducía, recordamos la magia de aquél concierto que Mi Hijo Favorito de los Mayores escogió para hacerse sentir con su primera patadita. ¡Esta vez iríamos al concierto el día del cumpleaños número 26 de aquél bebecito!

El diluvio arreció y en vez de ir al Centro de Bellas Artes de Guaynabo, donde se celebrará el concierto el próximo 9 de julio, nos quedamos en un centro comercial del vecindario. Allí, según el anuncio de radio, los boletos estarían a la venta. Encontramos estacionamiento bajo techo inmediatamente. Buena señal. Localizamos el recoveco de la sección de música de la tienda por departamentos. Y esa fue la última de las buenas señales.

Sin ton ni son, la cajera nos dijo que con los truenos se le había “caído el sistema” de Internet que conectaba con la boletería. “¡Qué porquería de sistema!”, pensé. Con la diplomacia que yo no tengo, mi esposo tomó la palabra:

-¿Estará lleno? Necesitamos boletos en el área de personas con impedimentos y sabemos que son pocas”.

-Es que sin sistema, no le puedo decir como se ha vendido esa obra de teatro.

-Mire, es un concierto, no es una obra de teatro.

-¿Y se llama ‘Soledad la Brava’? ¡Ah! Aquí aparece algo el 7 de julio.

-No. Es el 9 de julio. Y no es “algo”. Es un concierto que auspicia Radio Universidad.

-“¿Radio Universidad?

Ya mis carcajadas contenidas se convirtieron en otra cosa y le quité “la voz cantante” a mi esposo:

-Vamos a lo que vinimos: si trabaja en una sección de música, vaya a Internet cuando le suba SU sistema, para que al menos parezca que sabe algo. Mire bien el calendario, que un jueves 7 no es lo mismo que el sábado 9. Y sepa que no es lo mismo Soledad Bravo que “La soledad es brava”.

No salí rumiando para no avergonzar más al Padre de las criaturas. Ya al llegar al auto nos habíamos reído tanto a costa de la ineptitud de la chica, que decidimos perdonarle a sus padres que no le hubieran canturreado ninguna melodía de Soledad Bravo. ¿Que trabaja en una tienda de música y no sabe la identidad de una cantante? Pues eso explica el éxito de iTunes. Para darle el beneficio de la duda, voy a pensar que las pocas personas que han comprado los boletos en esa tienda, no lo hicieron en el turno limitado de ese pichón de empleadilla.

De seguro que a la chica nunca la arrullaron al son del “Pajarillo Verde”, ni le dijeron que cuando llueve puede recibir una ensarta de cangrejos. Quizás el único cangrejo que conoce es el del signo del horóscopo de los que cumplen esos días… como nuestro primogénito.

(Foto de la Web)

“Pajarillo Verde”

Pajarillo verde, cómo no quieres que llore,
pajarillo verde, cómo no voy a llorar,
ay, ay, ay, si una sola vida tengo,
pajarillo verde, y me la quieren quitar

Pajarillo verde, cómo no quieres que llore,
pajarillo verde, cómo no voy a llorar,
ay, ay, ay, si los grillos que me quitan,
pajarillo verde, me los vuelven a pegar.

Pajarillo verde, y ayer fuiste a cortar leña,
pajarillo verde, pasaste por mi conuco,
ay, ay, ay, y todo el mundo lo supo,
pajarillo verde, por tu mala compañera.

Pajarillo verde, qué te puede dar un indio,
pajarillo verde, por mucho que tú lo quieras.
Ay, ay, ay, una ensarta de cangrejos,
pajarillo verde, y eso será cuando llueva.


domingo, 19 de junio de 2011

Súper Papá: "motivador" del deporte del aro y el balón (V)

El premio del Súper Papá, le llegó en forma de amenaza/ manipulación de parte de Mi Hijo Favorito de los Menores:

-“Mira Pá-pa, si tú no eres coach, yo no juego!”

¡Ja! ¡Música para sus oídos! Pero el muy “padre de su hijo”, le hizo el juego “difícil” al enano menor, valiéndose de varios lloriqueos. Tenía que aprovechar esa oportunidad “de oro”. Cuando nos llaman usando el acento en la primera “a”, hay que estar pendiente.

-“No puedo ser coach porque estoy viejito, gordito y canoso… trabajo mucho durante la semana…”

-“Pero Páaaaa-pa… tú puedes. Páaaaaaa-pa, porfa. No importa que trabajes mucho… Páaa-paaaa”.

A decir verdad, no recuerdo de cuántos argumentos se valió el padre de las criaturas para que le rogaran. Lo que sí podría jurar es que Mi Hijo Favorito de los Mayores y yo nos apretamos la boca para controlar las risotadas. “¡Qué manipulador!”, nos decíamos escondidos en la cocina (¿dónde más?).

Horas después, Súper Papá ya estaba inscrito como coach, cumpliendo con el otro requisito: tendría que incluirlo en su equipo, y tratarlo igual que a los demás.

Así las cosas, el otro 50% de la familia nos vimos obligados a asistir a prácticas y torneos con ropa del mismo color del equipo; gritar aunque estuvieran perdiendo, y controlarme cuando se cayera, o le metieran un codazo para sacarlo del juego, como acaba de pasar con JJ Barea (quien dicho sea de paso, se inició en el basket desde la infancia).

Vimos a Súper Papá organizando a los chicos con sabiduría y justicia, de manera que los buenos jugaran las posiciones claves, y que el banco siempre hiciera tiempo en la cancha. Súper Papá les gritaba “casita, casita” para asegurarse que recordaban las posiciones dentro de las líneas. Nunca los hizo sentir mal, ni permitió burlas cuando tiraban su bola en el canasto del equipo contrario, ¡y lo celebraban como propio!

Súper Papá invitaba a sus pollitos a comer pizza si luchaban o ganaban los juegos… y tuvo el privilegio de ver que su enano metió los puntos que le dieron el triunfo a su equipo ¡en los últimos segundos del último juego del último torneo!

El binomio se rompió cuando el enano creció y pasó a otra categoría. Para ese entonces, mi condición de salud agravó y nos sacó de la cancha a los cuatro.

*Para los que no lo sospecharon, las entradas de esta semana son un pequeño homenaje a mi esposo, el abuelo de los hijos de mis hijos… el que nos ha amenazado con criar nietos atletas…

**Por eso, la saga continuará… ¡Feliz Día de los Padres, mi amor!

NOTA de la autora: Hoy se incluyen dos multimedias; el de un guapo chiquilín llamado Diego (para compensar que hace 20 años no había youtube); y el multimedia del asqueroso golpe del sinvergüenza Andrew Bynum -centro de los Lakers- al boricua JJ Barea, quien con el golpetazo se convirtió en la atracción de los Mavericks de Dallas, y en el ídolo de los latinos aficionados al NBA. (Vale aclarar que Barea –quien es “enano” al lado de los gigantones de la NBA- ya era una estrella/ máquina de hacer puntos).