Se atreven a seguir mis locos desmadres...

sábado, 15 de octubre de 2011

Chancletas voladoras


Recuerdo que era un domingo de sol. Del sol caribeño, de ese que te deja ciego, prieto y sudoroso. Mi Hijo Favorito de los Mayores tendría 10 años… en cuyo caso, Mi Hijo Favorito de los Menores, tendría cuatro menos, o sea, seis.
Separamos la tarde -cuando el solcito tibia el cielo- para ir al patio del Fuerte San Felipe del Morro, a volar chiringas, papalotes… o como se diga en los distintos países. ¿Que por qué el Morro? Pues porque en la punta del islote del fuerte anti piratas se cruzan los vientos de tres direcciones y las chiringas vuelan como pájaros. El viento es generoso en esa esquina del Viejo San Juan. La brisa de mar no hace necesario cantarle a San Lorenzo para que “amarre el perro y suelte el viento”.
Las expectativas eran grandes, pero no más grande que la chiringa que nos proponíamos estrenar. Conocedora del arte de hacer volantines de papel y pedacitos de hojas de palmeras, llevé ¾ de libra de retazos de telas que me habían sobrado de costuras. Estaba segura que necesitaríamos una gran cola. Sería un sueño de colores, diseños y texturas listos para ser anudados antes de emprender vuelo. Los amarres estarían a cargo de los copilotos de vuelo: los enanos de 10 y 6—que no es lo mismo que 16.
¿La chiringa? Se hace obligatorio un paréntesis para explicar que llevaba más de un año deseando nubes. La habíamos comprado en Montreal. A duras penas la pudimos traer a bordo del avión. Claro, antes del 911… todo se podía. El armastrote tamaño dinosáurico era violeta chillón, como para asustar a gaviotas, pelicanos y otras especies voladoras sobre olas.
Después de enderezar los entuertos de tubos plásticos y codos esquineros, intentamos volarla. Pero fue en vano. Ni el viento de la Bahía de San Juan que enamoraba al del Océano Atlántico pudo con el chiringón violeta chillón. La dulce canción de las olas no logró apaciguar la tensión del ambiente. Los chicos reclamaban a los padres. Los padres a San Lorenzo… y nada. Ante semejante monstruo violeta chillón se había arremolinado un respetable número de familias y entre risitas no disimuladas opinaban.
-“¡Malditos!”, pensé. “Me van a hacer quedar mal ante mis enanos”.
Y como la Súper Mamita que soy, recurrí a los retazos. Organicé el equipo de dos amarradores, y según íbamos añadiendo rabo, se impulsaba. ¡La condenada necesitó dos rabos para elevarse a una altura respetable!
-“¡Necesita más peso!”, me dijo otra madre-colega-chiringuera en una actitud de te-quiero-ayudar.
Yo lo tomé como un reto personal para humillarme ante mis chimicuines. Y como la necesidad (de quedar bien ante mis hijos) es la madre de la invención… me quité las chancletas plásticas transparentes (pesaditas ellas) y le amarré una a cada punta de los dos rabos... Y, ¡presto! La chiringa violeta chillona se encumbró amada por los vientos de la Bahía de San Juan y el Océano Atlántico. Aplausos y vítores fueron poco. Mientras se elevaba, las chancletas se movían como si dieran pasos: uno, dos… talón, punta… ¡Y se formó el alboroto!
-“¡Miren, la chiringa camina al cielo!”, gritaron varios, como si hubiera sido necesario anunciar lo que ya era un espectáculo.
Mientras, mi ataque de risa fue tal, que no sentí insectos ni piedras en mis pies descalzos. La cara duele cuando una se ríe con desenfreno. Los pómulos se endurecen, la boca se queda congelada en gesto de felicidad hasta que revienta el dique de las lágrimas dulces de la alegría. Ese fue mi estado físico por largos minutos. Perdí la fuerza y solté risas gritadas desde el suelo verde. Padre y enanos se hicieron cargo del pilotaje de la Violeta Chillona porque yo había perdido el sano juicio. Podía convertirla en una amenaza a las otras chiringas que tímidamente salpicaban el cielo.
Las chancletas jelly bean transparentes se quedaron en la mochila de chiringuear los domingos, atadas de por vida a los dos rabos de la Violeta Chillona.
(Foto, del Gueb... mis chancletas eran transparentes, no azules... y no las encuentro)

2 comentarios:

Margarita dijo...

me encantóoooo!!! aquí le decimos barrilete.
beso

Las recetas de Abunany dijo...

Jajajaja me imaginaba tu cara de dicha con la subida , acá le llamamos cometa .
Que lindo verles la cara de felicidad a los niños !!!

Nosotros se las hacíamos con caña y papel cometa , es un papel muy finito y lo pegábamos con engrudo ( harina y agua )y a las de 3 d le llamamos barriletes .

Un beso , cuídate y buen inicio de semana .